Por casi siete décadas, Leo Adler buscó a su primo, a quien conocía únicamente como Lemel y quien fue visto por última vez en un campo de exterminio nazi en 1944.Lemel, el hijo de la hermana de la madre de Adler, sería el único familiar directo vivo. Todos los demás murieron en el Holocausto.Adler, residente de Hallandale Beach en Long Island, no recordaba el apellido de su primo y por ello todas sus búsquedas eran en vano.Pero hacia fines de Febrero, una amiga le regaló a Adler una copia de las memorias de otro sobreviviente residente en el sur de Florida. Ella se imaginó que le podría interesar ya que el autor, León Schagrin , provenía de un pueblo en Polonia cercano a Tarnow, donde nació Adler.“¿Para qué necesito leer eso?” pensó Adler, un hombre jubilado quien había trabajado en restaurantes. “Yo lo viví”.Pero comenzó a ojear el libro y en la página 92 vio el nombre Joseph Braw.Lentamente, leyó una frase relacionada con un rabino bendiciendo al joven Leon, tercer hijo y único sobreviviente de la familia en los años 20´.“Cuando conoció a mis padres, recitó Chaja Braw, hija de Joseph Braw de Tyczyn, hija de Hendry Schagrin”.En ese momento, la larga búsqueda de Leo Adler terminó, Joseph Braw era su abuelo materno. Chaja era la hermana de su madre, Golda Braw Adler.Los primos hermanos, que han estado hablando por teléfono a diario desde el descubrimiento, finalmente se encontraron cara a cara el domingo en un almuerzo en Tamarac sponsoreado por los Sobrevivientes del Holocausto de Florida del Sur, la organización que Schagrin, un comerciante jubilado, ayudó a establecer 30 años atrás.Se trató de un encuentro sombrío, lleno de recuerdos de vagones de ganado, marchas hacia la muerte, trabajos forzosos, fríos extremos, hambre y enfermedad, brutalidad, degradación y pérdida.Leo y León, ambos octogenarios, fueron ambos nombrados originalmente Lemel en honor al bisabuelo de ambos. En el encuentro sujetaron fuertemente sus manos, reconectando una cadena familiar que el odio y el genocidio no pudieron destruir.“Este es el segundo día más importante de mi vida, luego de la liberación”, dijo Schagrin, quien pasó 7 años trabajando con el escritor Stephen Shooster en “El ayudante de caballos: La vida de un niño en el Holocausto”.
Sobrevivientes del Holocausto
19/Abr/2012
Miami Herald